“El corazón tiene más cuartos que un hotel de putas”

El olvido está lleno de memoria, 2008.

“El tiempo pasaba rozando sin disculparse. Se sentía ajena a su vida, sin poder de decisión alguno. Se percató por primera vez del paso de los años, o por lo menos de los pocos que llevaba viva. Desempolvó lágrimas marchitas. Recuerdos de aquel primer amor. Sabía que siempre se acordaría, pero hacía tanto tiempo que no miraba dentro de su pasado que cuando se dio cuenta de que había vivido en la ilusión del olvido, le dolió con más intensidad que nunca.”

“El amor en los tiempos del cólera”, Gabriel García Márquez.

“Y el amor, siempre… Y las horas”

“Aún recuerdo aquella mañana. Me desperté al amanecer. Se abría ante mí un mundo de posibilidades, ¿conoces esa sensación? Y recuerdo que me quedé pensando: – “Así que esto es el comienzo de la felicidad, es aquí donde empieza,y siempre habrá más”. Ah, nunca se me ocurrió que no era el comienzo, que era la felicidad. Fue aquel momento, ese instante.”

“The Hours”, Stephen Daldry (2002)

“El hombre no es libre de elegir vivir o no vivir pero, en cambio, es libre de escoger cómo vivir”

“El profeta Láquesis extiende sobre la hierba los paradigmas de las vidas (paradigmas de todas las posibles vidas humanas) en cantidad muy superior a las de las almas presentes. El alma a la que le toca escoger en primer lugar tiene a su disposición muchos más paradigmas vitales que la última, pero esto no condiciona irreparablemente el problema de la elección: también para la última queda la posibilidad de elección de una vida buena. La elección realizada por cada uno es luego sellada por las otras dos moiras, Cloto y Átropos, convirtiéndose, así, en irreversibles. Luego, las almas beben el olvido de las aguas del río Ameletes (río del olvido) y descienden en los cuerpos en los que realizarían la vida elegida. Como habíamos dicho, la elección depende de la libertad de las almas, pero sería más exacto afirmar que depende del conocimiento, o de la “ciencia de la buena y de la mala vida”, es decir, de la “filosofía”, que es, para Platón, la fuerza que salva en este mundo y en el más allá, para siempre.”

Platón, “La República”.

Muchos de nosotros sentimos una gran desazón cuando nos identificamos con Platón y, a la vez, añoramos la fe que a él le sobraba en sus teorías.

Si nuestra vida actual fuese la reminiscencia de una decisión pasada sobre ella, significaría que tenemos motivos para vivirla. No nos concebiríamos tambaleantes sobre un campo de batalla para el que no hemos solicitado entrada. Al contrario, estaríamos desarrollando la vida que, en su momento, escogimos de entre todas las que yacían sobre la hierba, y con la que nos comprometimos hasta que expirase.

En cualquier caso, si saber es recordar, como argüía Platón, y el todo el conocimiento está, efectivamente, en nuestro interior, y nuestra vida ha sido una libremelección nuestra, ¿podemos afirmar que escogimos bien aquella ocasión?

¿No habría sido atroz el peso de una decisión tan determinante como la que atañe a la vida que vamos a llevar? ¿Existen criterios válidos y suficientes para medir el mejor paradigma vital para uno mismo? Quizás no sea tan desalentadora la idea de la vida como boceto y del ser humano como un cuadro a medio pintar; sin saber hacia dónde se dirigen las pinceladas, sin saber quién nos ha dado el pincel ni de qué está hecho el lienzo, ni por qué nos ha tocado el marco geográfico en que nos movemos.

Nos queda el consuelo de que, dentro de todos estos condicionantes, aún somos libres de escoger cómo vivir. Ese es nuestro principal desafío sobre la hierba.

Te encontré.

Noviembre, 2009.

“¿Quién quiere ser millonario?”

Jamal Malik se encuentra a una pregunta de ganar veinte millones de rupias. ¿Cómo lo ha hecho?

a)       Ha hecho trampas.

b)       Ha tenido suerte.

c)       Es un genio.

d)       Estaba escrito.

“Slumdog Millionaire”, Danny Boyle. (2008)

Acabo de incorporarme al club de los veinte años y me han aceptado célebremente entre sus miembros. Me temo que Groucho Marx me pide disculpas porque, definitivamente, ya no se levanta.

No voy a decir que a mis veinte años ya me considero millonaria, aunque podría hacerlo.

Por el contrario, voy a inaugurar este club repasando y afianzando mis principios (Groucho, si no te gustan, tengo otros):

Desde el púlpito de los veinte años, puedo certificar que sigo creyendo en el caciquismo y en los sistemas corruptos que amañan y se erigen con sus falsas victorias. Supongo que he leído muchos libros de Historia y que me gusta responder ante el país en que me he ido curtiendo, y que apenas se está recuperando del destino torcido de los buenos. Pero también puedo afirmar que sigo sin creer en el destino. Si me hablan de lo hermoso que es creer en una fuerza superior y armónica que preside el mundo, lo valoraré en tanto en cuanto necesitamos verdades universales que justifiquen nuestros pasos. Porque el azar siempre sucede mientras hacemos planes, como decía John Lennon, e incluso así, no podemos apostar nuestra vida entera a algo tan arbitrario y banal como la suerte. Para terminar de remitirme a los cuatro puntos anteriores, debo asentir ante mi escepticismo con respecto a la superdotación, y eso que cuando le robo a la película premiada su frase estelar, se la dedico a una de las personas más inteligentes que conozco:

Jamal Malik: -“Te encontré.”

Prometo no haber hecho trampas; quizás tenga algo de genio si la he atraído hasta mí, y es evidente que he tenido muchísima, muchísima suerte. Por eso, a menudo es fácil deponer mis principios y pensar que estaba escrito.

Pero como parece que, de momento, Groucho Marx no me los ha reclamado, me centro en escribirle yo a ella, para agradecerle los millones de ratitos juntas, el millar que he aprendido de ella, las decenas de miles de veces que he podido contar con una de las mejores personas que conozco.

Te quiero un millón.

“It’s easy if you try…”

Me disponía a trocear la cebolla para el almuerzo y en la radio empezó a sonar la voz de John Lennon cantando “Imagine all the people…”. A veces, sientes que falta poco para romper a llorar y, de pronto, te sorprende una música preciosa que no esperabas.

Tiene gracia que esta escena haya transcurrido en la cocina del piso K. Gabi apareció cuando moría el verano para frenar unas lágrimas inminentes y encenderme la vida con su música.

En una tarde otoñal como esta, nuestras canciones todavía duran.

Octubre 2009.

“Hacia la paz perpetua”

Joaquín Sabina nadaba entre peces de ciudad cantando “en Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.” Tiene sentido recelar de las formas de felicidad que se escurren entre los dedos, porque uno prefiere instalarse en los estados de felicidad que prometen ser duraderos. O, por lo menos, en aquellos que nos presenten cierta garantía de eternidad. Milan Kundera hablaba, en este sentido, del paraíso que, como máximo exponente de la prosperidad, se articulaba en una especie de círculo abocado a su eterna repetición:

“La vida en el Paraíso no semejaba una carrera en línea recta que nos conduce a lo desconocido, no era una aventura. Se movía en círculo entre cosas conocidas. Su uniformidad no era un aburrimiento, sino un motivo de felicidad.”

Aunque este boceto sólo es válido como alegoría. Lo común en nuestra vida cotidiana es que los estados de felicidad absoluta sean tan efímeros como la vida misma, aun cuando su correlación pueda aproximarnos, en ocasiones, a una agradable sensación paradisíaca. Los hedonistas creían en la virtud de la ataraxia, la paz del alma, cuya conquista se basaba en un cálculo racional de los placeres y los dolores. Se trata de que, a lo largo plazo, los primeros prevalezcam sobre los últimos, para moldear una forma de vida en que los estados de felicidad crezcan y se sostengan en el tiempo. Se trata de estrecharle los márgenes al dolor, a sus posibles asomos en el futuro. Quizás nuestro exiguo poder sobre el azar lo convierta en una apuesta poco segura, pero sí infinitamente deseable.

Regreso de mi tierra y pienso, admirada, que conozco a tanta gente buena… Gente que, a pesar de todo, vive a merced de adversidades no previstas y que, en momentos inimaginados, se ha visto librando bajo su piel las más duras batallas. Y me emociona poder decir, a partir de su experiencia, que la capacidad de superación del ser humano es casi ilimitada, es enorme. Creo que puede más el afán por derribar muros que la opresión ante cualquier tipo de aprisionamiento, si las circunstancias externas se ponen un poco de tu parte.

Por eso, quizás el trauma esté  sobrevalorado a nivel social, porque en una sociedad como la nuestra, que trafica y promociona formas de felicidad efímeras, se le confiere un peso feroz a las caídas del pasado. Es importante reivindicar y tener presente el pasado, pero no tenemos por qué atribuirle un poder mayor a las etapas oscuras que a las épocas de deleite. ¿Es una sobredosis de ingenuidad y optimismo creer que tienen más fuerza las ilusiones y el deseo de salir adelante que el amordazamiento de cualquier tragedia pasada?

Conozco a demasiada gente buena que ha regresado a Comala después de la tormenta o que, mejor todavía, ha logrado erigir su propio paraíso a medida, con su propio empuje reconstruido después de un naufragio, existencial, amoroso; el que sea. Un nuevo levantamiento en que la libertad que se respira está descontaminada porque la energía renovable del tiempo y del esfuerzo limpian por dentro. Estas personas han sido, siempre, parte del hilo que me zurce las heridas más profundas, y potencialmente traumáticas si no contase con el poder sanador de su cariño. Imagino que son mi Comala particular, al que siempre querré tratar de volver.

Este ha sido un fin de semana de reencuentros. A ellos van mis palabras.

“El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir. Sí, la felicidad es el deseo de repetir, piensa Teresa.”

Lost in Rastration

Será el enésimo domingo que me zambullo en el precioso Rastro de Madrid y habrá sido, por lo tanto, la enésima vez que me pierdo entre pañuelos de rayas y gafas de colores. Se ve que mi subconsciente no quiere que mi identidad se diluya en un repentino sentido de la orientación. Pero el extravío de hoy ha marcado la diferencia, porque mis pasos, zarandeando como un trompo por los alrededores de La Latina, me han llevado a parar frente al restaurante subterráneo Conde de Barajas. El menú que colgaba de su robusta puerta de madera se dividía en tres menús diferentes: el que tenían (vegetales, aves y qué sé yo…), el que no tenían (fritangas, camareros malhumorados, etc.) y el que desearían tener. Este último me robó el corazón.

Mi presupuesto no alcanzaba para hacer un alto en su interior pero era, sin duda, la Carta más bonita que haya coronado jamás un local de restauración.

Parece que no está mal perderse de vez en cuando.

QUEREMOS TENER:

EL AVIÓN DE ANTOINE

UNA NINFA, UN DUENDE, UN GNOMO

UN GATO TRISTE Y AZUL

LA OSA MAYOR… Y LA MENOR

UN ACORDE DESCONOCIDO

EL UNICORNIO DE SILVIO

LA VOZ DE HARPO

EL OÍDO DE BEETHOVEN

EL AZUL DE TIZIANO

LA CORDURA DE DON QUIJOTE

EL ECO DE LAS PISADAS DE CHAPLIN

DOS EXTRAÑOS EN LA NOCHE

Y LA PALOMA DE PICASSO

VOLANDO SOBRE OTRA IDEA DE PAZ.

“How do you own disorder?”

Diseño y Edición en Prensa ha sido la primera asignatura que he tenido que estudiar dos veces, quizás por eso recuerde nítidamente unos contenidos que, de haber retenido bien la primera vez, habría relegado al olvido absoluto. Para empezar, el diseñador gráfico trabaja sobre una retícula para armonizar los elementos de la página y organizar la información. Para ordenarla. Pero me he retrotraído a esos apuntes, que espero que ya hayan sido reciclados para cualquier fin más provechoso, a partir de otra asignatura, Periodismo y cambios sociales, con la que nos remontamos a las primeras bibliotecas erigidas siglos antes de Cristo. En este caso, su finalidad consistía en ordenar pergaminos, libros y textos para su almacenaje.

Esto me ha hecho empezar a reflexionar sobre la antiquísima determinación del ser humano de poner orden en su vida y a su alrededor. No en vano, todas las sociedades de castas en Europa han transitado hacia la democracia enmarcándose en un ordenamiento jurídico que las regule. La filosofía como disciplina también ha entrañado, tradicionalmente, un doble objetivo: además del amor por saber, la finalidad práctica de conocer el mundo es desear vivir mejor y, naturalmente, tenemos que ordenar la realidad si queremos habitarla.

En cierto modo, la historia del ser humano ha consistido en la búsqueda de respuestas para que el mundo, que se nos presenta como un caos ilimitado e insondable, adquiera algún sentido. El arquitecto diseña los planos de la obra partiendo de los recursos de que dispone, lo hace con la meticulosidad de quien persigue un resultado en que ni falte ni sobre nada, de manera que el conjunto tenga coherencia. Todos construimos nuestra vida así, clasificando sus etapas, indizando sus momentos, archivando los recuerdos y comprimiéndolos en zip, para seguir guardando el futuro en cajones a medida que se convierte en pasado. Introducir orden, desanudar el caos. Parece que sólo así podemos vivir.

Una llave que abre cárceles

“Las adicciones sólo son supersticiones de quienes tienen miedo a la libertad.”

Jose Antonio Marina.

Tenemos más poder sobre la realidad del que creemos. Al menos, sobre la parcela de realidad que nos pertenece.

Atardecer rosa sobre el Tajo

Para Rafita.

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31 de Octubre 2009, Día Toledano.

Ayer nos quedó claro, “el secreto de la vida consiste en buscar la belleza”, como dice Lord Henry en “El retrato de Dorian Gray.” El cielo se volvió rosa, violáceo, rojizo y anaranjado mientras deshojábamos las reflexiones sobre la amistad que, entre amigos, tienen aún mejor sabor.

“Andar por Toledo, y en la oscuridad de una noche sin luna como aquélla, es adelgazarse, afinarse hasta quedar convertido en un perfil, una lámina humana, dispuesta a herirse todavía, a cortarse contra los quicios de tan extraña resquebrajadura, es volverse de aire, silbo de agua para aquellos enjutos pasillos, engañosas cañerías de súbito chapadas, sin salida posible, es siempre andar sobre lo andado, irse volviendo pasos sin sentido, resonancia, eco final de una perdida sombra”

Rafael Alberti