Recortes de prensa

“La bondad es la esencia del gran misterio de África”

No dejen de leer “El Infierno en la Tierra”, por John Carlin. Un reportaje impresionante en El País Semanal.

“…Que, después de todo, Dios es justo, que comparte las riquezas con más equidad de la que a veces creemos, con nuestra obsesión por los datos de crecimiento económico y los tipos de interés; que África, despreciada y considerada un continente perdido, tal vez tenga algo que enseñar a los tigres asiáticos; que la vida es corta y quizá tenga sentido disfrutar –saborear- nuestro tiempo sabiendo que, muy por encima del ciego deber de ganar dinero, las mejores cosas de la vida son gratis; que en África existe un principio del placer, una dimensión de alegría y sensualidad que China, la admirada China, no ha sido capaz de ver. Seguramente, los dos caballeros chinos no pensaron en todas estas cosas durante su ensoñación tropical junto a la piscina; pero quizá deberían haberlo hecho”.

“Cuánta brutalidad y cuánta corrupción hay en el continente, pero cuánta bondad también, y cuánta alegría y cuánta sensualidad y cuántas lecciones que podrían enseñarnos, pero que no aprendemos los demás, que no se nos ocurre ni tomar en cuenta, por culpa de la maldita pobreza en la que viven.”

 

Una canción que me enseñó quien me enseñó a mirar a África.

Saludos,

Nora

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Los Nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadie con salir
de pobres,
que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a
cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los
nadie la llamen,
aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie
derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre,
muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la
prensa local.
Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano.


25 Noviembre – Día Internacional Contra La Violencia de Género

“Los medios de comunicación deberían ser implacables, no esperar al día contra la violencia machista”.

Le tomo prestada a R. Lobo lo más parecido a una justificación válida para mi tardanza redaccional del 25N. Aunque, en lo que compete a este tema, son precisamente las tardanzas las que empeoran o finiquitan mortalmente el problema.

Suelen decirme que este discurso está obsoleto. Suelo reaccionar pensado: ¿hacia qué lado miras, que está tan lejos de la realidad?

El amor pensado como entrega ilimitada, como fusión en la psique del otro; el amor que sufre en la distancia; el amor fundado en el deseo pasional de participar del yo del otro; el amor reavivado por el desgarro de los celos, el amor que araña para que te cobijes en su halo, el amor que no entiende de espacios sino de simbiosis.

En el peor –y frecuente, alarmantemente frecuente- de los casos, el amor que mata en nombre de ese amor.

Esta forma de amor sigue anclado en el imaginario colectivo, quizás porque sigue siendo una realidad cotidiana. Y también viceversa.

Aún pervive una sensación de incomodidad con respecto a esa mujer que hace las maletas y abre su puerta, la que cruza el umbral de un gabinete y se presenta como competidora legítima, la que disfruta del sexo, la que dice “esto no me gusta” o “este no me gusta”.

“La clave es la educación. Educar en libertad y en igualad. Educar también a las mujeres. Romper el modelo social del macho-man, del guaperas chulo con rasgos varoniles. El hombre-hombre no es válido para una mujer. Un mujer necesita solo a alguien que la quiera, que la respete. Al primer síntoma, puerta. No puede haber segundas oportunidades.” R. Lobo

“¿Qué hacer cuando el amor ya no es amor ni es amor ni es nada?” Pedro Guerra.

¿Qué no hacer? Tolerarlo.

 

Nora


“El miedo es la trampa que atrapó al amor…

…el miedo es la palanca que apagó la vida, el miedo es una grieta que agrandó el dolor”. Pedro Guerra, “Miedo”.

El blog de Ramón Lobo es una caja de bombones literarios. Y un arsenal de balsas para los naufragios. Y un nido de estímulos posteados para seguir abordo. Y encima tiene dos.

La mejor dieta para evitar las indigestiones de frivolidades virtuales es desayunar sus mensajes y no terminar de saciarse nunca. Una mañana encontré la que espero sea la clave de mi antesala veinteunañera -que es una antesala algo temprana, aún estamos a mediados de noviembre, pero yo nunca me he llevado bien con la paciencia-:

“La ausencia del miedo puede ser un regalo, pero quizá el regalo más precioso sea el coraje adquirido a través de la persistencia, un coraje que procede de cultivar el hábito de impedir que el miedo dicte nuestras acciones, un coraje que puede ser descrito con gracia bajo la presión, una gracia que es renovada constantemente en el rostro de la crueldad.”

7 de octumbre de 1990. Aung San Suu Kyi.


Vivimos en un mundo en que Dios está de permiso

– “De modo que ésas era las noticias: vivimos en un mundo que Dios ha abandonado.” – comenté.

“[…] Una vez leí en alguna parte que es imposible romper las creencias firmes de un hombre. Si alguna vez llegué a pensar que eso era cierto, la vida en el campo de concentración me enseñó que estaba equivocado. Es imposible creer en nada viviendo en un mundo que ha dejado de considerar al hombre como tal, que constantemente “demuestra” que uno ya no es un hombre. Así que uno empeza a dudar, empieza a dejar de creer en que existe un orden mundial en el que Dios ocupa un lugar definido. Uno realmente empieza a pensar que Dios está de permiso. De otro modo, todo lo que está ocurriendo sería imposible. Dios debe haberse marchado.”

S. Wiesenthal, “Los Límites del Perdón”. 1998

La Historia no para de tejerse sobre los tapices de la crueldad y la injusticia: a medida que aumentan los crímenes contra la Humanidad, la Comunidad Internacional se va sumiendo en la pasividad más absoluta. La complicidad con esas puntadas, que cobran forma de disparos, bombardeos, masacres y torturas a pueblos enteros, es la prueba de que Dios tiene que estar de permiso.

Este fin de semana, el Papa visitó este país y trató de convencernos de que Dios sigue en su puesto, dirigiendo sus poderes divinos contra la unión de personas del mismo sexo y la libre decisión de la mujer sobre su propio cuerpo. Suponemos que el poco poder que le restaría entonces de su embestida contra el amor y la libertad no serviría sino para consentir las peores formas de odio de que es capaz el ser humano.

A veces, los medios de comunicación se creen Dios y sólo ceden el trono de sus portadas a aquellas noticias que refuerzan su poder divino. Hoy, el Sahara es noticia, pero el conflicto lleva masacrando vidas más de 30 años. Lo mismo con la humillación cotidiana de los palestinos, cuyo acoso constante y sangriento por parte de soldados israelíes constituyó la realidad de más de medio siglo XX. Lo que no es noticia, no le interesa a Dios. Pero tampoco a los medios, ni a los gobiernos, ni a la gran mayoría de los ciudadanos.

Quizás nuestra coartada común ya no sea confiar en Dios, sino creer la realidad unívoca (y falseada) de los medios, cuyo tratamiento exiguo da a entender que la cosa no es tan grave, cuando lo es más que nunca.

Todos estamos de permiso en este mundo, pero existen millones de vidas que penden de un hilo porque se les niega no ya el permiso, sino el derecho que les corresponde, como seres humanos, a vivir de forma digna en un territorio legal (y viceversa). Esta injusticia mayúscula en plena era de la globalización es la evidencia de que, definitivamente, Dios está de permiso.

Ojalá la solidaridad y responsabilidad de los medios y de nosotros mismos no siguiesen el mismo camino que Dios.

Nora

 


“A los enemigos de los toros, es decir, a los defensores de las corridas”

La España Negra y la Tauromaquia

“Ningún liberal ha defendido un presunto derecho a maltratar y torturar a criaturas indefensas. De hecho, los países que más han contribuido a desarrollar la idea de la libertad, como Inglaterra, han sido los primeros que han abolido los encierros y las corridas de toros. Curiosamente, y es un síntoma de nuestro atraso, la misma discusión que estamos teniendo ahora en España y sobre todo en Cataluña ya se tuvo en Gran Bretaña hace 200 años. Los padres del liberalismo tomaron partido inequívoco contra la crueldad. Ya entonces, frente al burdo sofisma de que, puesto que los caballos o los toros no hablan ni piensan en términos abstractos se los puede torturar impunemente, el gran jurista y filósofo liberal Jeremy Bentham señalaba que la pregunta éticamente relevante no es si pueden hablar o pensar, sino si pueden sufrir.”

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Espana/negra/tauromaquia/elpepiopi/20100311elpepiopi_4/Tes



Una de las dos Españas ha de helarte el corazón

Fragmento de La izquierda necesita un relato.

de TRIBUNA: Ignacio Urquizu.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/izquierda/necesita/relato/elpepuopi/20090620elpepiopi_4/Tes

Es cierto que las políticas de izquierdas son más complejas que las de derechas. Para los conservadores, la autonomía del individuo es sinónimo de no intervención e individualismo. Sus mensajes se reducen a algo tan sencillo como mérito, trabajo y esfuerzo, como si la libertad no se viese condicionada por las desigualdades socioeconómicas. Son propuestas simplistas y reduccionistas y, por lo tanto, fáciles de transmitir.

En cambio, las políticas de izquierdas exigen cooperación. Pagar impuestos, el Estado de bienestar o ampliar derechos son algunos ejemplos que requieren esfuerzos colectivos. Pero cooperar no es sencillo. Por ejemplo, siempre existe la tentación de beneficiarse de los resultados colectivos sin colaborar en su consecución -los gorrones-.

Esta mayor complejidad de los proyectos es explotada de forma maniquea y ventajista por la derecha.


“Es como decirles que, si no ponen bombas, no se les hace caso.”

Nos lo han venido repitiendo hasta la saciedad desde nuestra primera clase de periodismo. La noticia busca espectacularidad, ruido, fascinación, morbosidad… Y detrás de eso, está la realidad.

Náufragos

El viernes pasado, una mina arrancó la pierna de un chico saharaui cuando, con otras 2.500 personas, intentaba hacer una cadena humana frente al muro marroquí que divide en dos el Sáhara. Esta noticia, más o menos llamativa, encontró cierto espacio informativo. Pero el larguísimo suplicio saharaui aparece cada vez menos en los medios. A mi ordenador llegan todas las semanas sobrios y angustiosos e-mails que denuncian lo que está sucediendo en el Sáhara. Son como mensajes lanzados al mar por un puñado de olvidados náufragos, botellas llenas de palabras que las olas abandonan en la orilla de nuestra indiferencia. Leo el último: habla de la situación crítica en la que se encuentran tres presos saharauis, en huelga de hambre desde el 13 de febrero. Son desesperadas peticiones de socorro que preferimos ignorar.

También hemos cerrado los ojos ante la insostenible situación de los campamentos. Llevan 33 años atrapados en un agujero infecto y han hecho el milagro de sobrevivir a pesar de las insoportables condiciones, pero el coste es enorme. Hasta ahora han apostado por la diplomacia, por la modernidad y la moderación, pero la comunidad internacional no está premiando su heroica elección de la vía pacífica. Y no hablo sólo de los Gobiernos: ojalá los saharauis recibieran de las organizaciones izquierdistas siquiera la mitad de la atención que recibe la causa palestina. Sin interlocutores, sin esperanzas, los jóvenes de los campamentos corren el riesgo de radicalizarse, de pasarse al integrismo y al terrorismo. Apoyando a los saharauis potenciaríamos el islam más tolerante, pero lo que estamos haciendo es justo lo contrario: es como decirles que, si no ponen bombas, no se les hace caso. Qué estúpidos, qué locos, qué suicidas somos los occidentales al no recoger las botellas mensajeras de estos náufragos.

Rosa Montero.


It’s about the human heart.

Ya tardaba en acoger en este rincón el que considero uno de los discursos más hermosos que he escuchado en televisión, y que engrosa la lista de discursos inmortales de la antología de mi vida.

Sólo lamento que su origen esté en una de esas reformas legislativas que sólo sirven para hacer involucionar a la Humanidad.

Say NO to Prop. 8!

“Finally tonight as promised, a Special Comment on the passage, last week, of Proposition Eight in California, which rescinded the right of same-sex couples to marry, and tilted the balance on this issue, from coast to coast.
Some parameters, as preface. This isn’t about yelling, and this isn’t about politics, and this isn’t really just about Prop-8. And I don’t have a personal investment in this: I’m not gay, I had to strain to think of one member of even my very extended family who is, I have no personal stories of close friends or colleagues fighting the prejudice that still pervades their lives.
And yet to me this vote is horrible. Horrible. Because this isn’t about yelling, and this isn’t about politics. This is about the… human heart, and if that sounds corny, so be it.
If you voted for this Proposition or support those who did or the sentiment they expressed, I have some questions, because, truly, I do not… understand. Why does this matter to you? What is it to you? In a time of impermanence and fly-by-night relationships, these people over here want the same chance at permanence and happiness that is your option. They don’t want to deny you yours. They don’t want to take anything away from you. They want what you want — a chance to be a little less alone in the world.
Only now you are saying to them — no. You can’t have it on these terms. Maybe something similar. If they behave. If they don’t cause too much trouble. You’ll even give them all the same legal rights — even as you’re taking away the legal right, which they already had. A world around them, still anchored in love and marriage, and you are saying, no, you can’t marry. What if somebody passed a law that said you couldn’t marry?
I keep hearing this term “re-defining” marriage.
If this country hadn’t re-defined marriage, black people still couldn’t marry white people. Sixteen states had laws on the books which made that illegal… in 1967. 1967.
The parents of the President-Elect of the United States couldn’t have married in nearly one third of the states of the country their son grew up to lead. But it’s worse than that. If this country had not “re-defined” marriage, some black people still couldn’t marry…black people. It is one of the most overlooked and cruelest parts of our sad story of slavery. Marriages were not legally recognized, if the people were slaves. Since slaves were property, they could not legally be husband and wife, or mother and child. Their marriage vows were different: not “Until Death, Do You Part,” but “Until Death or Distance, Do You Part.” Marriages among slaves were not legally recognized.
You know, just like marriages today in California are not legally recognized, if the people are… gay.
And uncountable in our history are the number of men and women, forced by society into marrying the opposite sex, in sham marriages, or marriages of convenience, or just marriages of not knowing — centuries of men and women who have lived their lives in shame and unhappiness, and who have, through a lie to themselves or others, broken countless other lives, of spouses and children… All because we said a man couldn’t marry another man, or a woman couldn’t marry another woman. The sanctity of marriage. How many marriages like that have there been and how on earth do they increase the “sanctity” of marriage rather than render the term, meaningless?
What is this, to you? Nobody is asking you to embrace their expression of love. But don’t you, as human beings, have to embrace… that love? The world is barren enough.
It is stacked against love, and against hope, and against those very few and precious emotions that enable us to go forward. Your marriage only stands a 50-50 chance of lasting, no matter how much you feel and how hard you work.
And here are people overjoyed at the prospect of just that chance, and that work, just for the hope of having that feeling. With so much hate in the world, with so much meaningless division, and people pitted against people for no good reason, this is what your religion tells you to do? With your experience of life and this world and all its sadnesses, this is what your conscience tells you to do?
With your knowledge that life, with endless vigor, seems to tilt the playing field on which we all live, in favor of unhappiness and hate… this is what your heart tells you to do? You want to sanctify marriage? You want to honor your God and the universal love you believe he represents? Then Spread happiness — this tiny, symbolic, semantical grain of happiness — share it with all those who seek it. Quote me anything from your religious leader or book of choice telling you to stand against this. And then tell me how you can believe both that statement and another statement, another one which reads only “do unto others as you would have them do unto you.”

You are asked now, by your country, and perhaps by your creator, to stand on one side or another. You are asked now to stand, not on a question of politics, not on a question of religion, not on a question of gay or straight. You are asked now to stand, on a question of…love. All you need do is stand, and let the tiny ember of love meet its own fate. You don’t have to help it, you don’t have it applaud it, you don’t have to fight for it. Just don’t put it out. Just don’t extinguish it. Because while it may at first look like that love is between two people you don’t know and you don’t understand and maybe you don’t even want to know…It is, in fact, the ember of your love, for your fellow **person…
Just because this is the only world we have. And the other guy counts, too.
This is the second time in ten days I find myself concluding by turning to, of all things, the closing plea for mercy by Clarence Darrow in a murder trial.
But what he said, fits what is really at the heart of this:
“I was reading last night of the aspiration of the old Persian poet, Omar-Khayyam,” he told the judge.
“It appealed to me as the highest that I can vision. I wish it was in my heart, and I wish it was in the hearts of all:
“So I be written in the Book of Love;
“I do not care about that Book above.
“Erase my name, or write it as you will,
“So I be written in the Book of Love.”