Reflexiones pelirrojas

Que el fin de año te pille bailando…

RAE – Def. Oxímoron: (del gr. ὀξύμωρον).  1. m. Ret. Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador.

Este año que se extingue se va preñado de oxímorons, de contradicciones y de paradojas desafortunadas: armas inteligentes, libertades prohibidas, conexiones que aíslan…

Ante la inminencia de un nuevo relevo anual, he elaborado un listado de oxímorons obligatorios para el 2011, con la esperanza de que en la confrontación de dos opuestos germine la virtud:

1. Rutina espontánea. Habremos de armarnos una rutina de desayunos perfumados, mañanas laboriosas y tardes productivas, pero se hará de lo cotidiano una aventura.

2. Duda incuestionable. Como decía Hipatia, filósofa griega en la escuela de Alejandría: lo cuestionaremos todo. Pero se defenderán algunos principios como leyes justas y universales.

3. Soledad acompañada. La soledad es la compañera más fiel que tenemos: jamás nos abandona y menos cuando los demás lo hacen. Por tanto, será menester comprenderse a uno mismo y saber perdonarse. Pero serán los amigos que nos encontremos en el camino los que nos embellezcan el trayecto.

4. Realidad imaginada. Se vivirá con los pies anclados en la realidad, aunque nos seduzcan las nubes, pero nos aproximaremos a esta a través de la música, del cine y de la literatura. Si la belleza sigue siendo para nosotros un valor,  el arte lo tiene y, a este efecto, el ser humano que busca la belleza no puede, ni debe, vivir sin arte.

5. Humor serio. Será obligatorio reírse de uno mismo y no tomarse demasiado en serio, sin olvidarnos de vivir porque vivir es nuestra tarea.

6. Pasado presente. Woody Allen afirma que somos el resultado de la suma de nuestras decisiones. La memoria será el cuarto íntimo de nuestro patrimonio, y nuestros recuerdos, nuestro equipaje de mano. (Pero que el equipaje no lastre tus alas – Maestro Sabina).

7. Seguro azar. (Título robado de un poema del gran Pedro Salinas). Los márgenes que dejamos al azar pueden determinar por sí mismos el curso del futuro. Pero uno siempre luchará por empujarlos para que estos sean lo más estrechos posible.

8. Universo local. El sano afán de cambiar el mundo empezará por cambiar la acera de tu calle. Piensa globalmente y actúa localmente.

9. Pasión cuerda. Se amará siempre con pasión y con los ojos bien abiertos. El amor no es ciego. Pero recuerda que no se ve sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.

10.  Utopía posible. Como dice Don Eduardo Galeano, nuestras utopías se alejarán a medida que vayamos avanzando hacia ellas, pero es en el intento de alcanzarlas donde reside el secreto de su consecución. Caminando hacia la utopía ampliamos nuestros horizontes. Aún está todo por hacer.

¡Feliz Año Nuevo!

Nora

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“Vivir es más que un derecho…

… es el deber de no claudicar” – Luis Eduardo Aute.

A Atticus, una de las luces de mi vida.

“La vida es como una partida de esgrima consigo misma” – pensó Belén, mientras engullía los cereales integrales untados en leche fría. La vida dibuja paradojas continuas: brevedad que aspira a inmortalidad, incertidumbre que anhela convicciones, una reyerta eterna entre el miedo y el deseo. Y un largo etcétera. De repente, no le preocupaba la obcecada búsqueda de la felicidad, sino, por el contrario, se asomaba al vacío de la búsqueda de sentido.

Desde que paladeaba sus desayunos calientes hasta que se apagaban los días, Belén rebuscaba en su interior la tinta con que escribir la continuación de su camino, el aceite con que engrasar el motor de su existencia. ¿Cómo voy a edificar mi futuro sobre aguas que se mudan cada vez que me adentro en ellas? ¿Qué clase de parábola es la que rige la existencia, que te obliga a ser cuando, a cada instante, dejas de ser?

Belén se dirigió al principio de la Avenida Marítima, donde la esperaba Atticus, para combinar pasos con palabras, ponerle palabras a los pasos, llenar estos últimos de las primeras. Belén le transmitió la urgencia de buscar algo permanente en medio del devenir caótico de los años. ¿En qué pensaría antes si antes no pensaba en estas cosas? – le decía con un sentimiento similar a la culpa, mientras paseaba entre el mar y su Atticus .

Atticus se descubría en cómo el paso del tiempo induce a la memoria a su propio suicidio. Pero también se reconocía en un olvido que tiene puertas giratorias. Pero para que sus recuerdos admitinsen visitas desde el futuro, tuvo que zambullirse en ese presente y dar brazadas hacia atrás y hacia delante, para decirle a su hija que, efectivamente, el viento borra las huellas del camino, pero también nuestra imaginación puede sobrevolar los desvíos de la vida y reencontrarse con las preguntas y lugares de los que una vez partimos. Ella le daba alas para nadar por su vida en direcciones nuevas, y él le encendía la luz del faro que todo navegante necesita en la oscuridad.

Belén quiso preguntarle a Atticus si ser un granito de arena la hacía tan fundamental como prescindible; si un día lejano se perdería como una lágrima en la lluvia, como decían en Blade Runner. Se pararon frente al mar. Y ella le dijo:

– “Me sobrecoge la inmensidad del mar, porque parece eterno e inmutable, pero siempre se recicla” -suspiró oteando el horizonte- “el mar nunca es el mismo”.

– “Quizás te reconforta pensar ” – respondió Atticus, siguiendo la línea que proyectaban las pupilas de su hija- “que el mar sí es eterno e inmutable aunque cambie, porque siempre está ahí mientras sus aguas se mezclan, se acaloran y se rompen; y cuando vuelven de sí mismas y se erigen en olas fabulosas. La eternidad es perderse y volverse a encontrar. O, al menos, es la única eternidad posible.”

Nora


Oiga doctor

Sucede – Extremoduro. Sucede que me canso de ser.

Esta mañana, el centro de salud de Belén era su propio cuerpo. Había decidido autoescanearse una radiografía espiritual, a base de rayos ultracríticos. La experiencia iba a ser dura, puesto que la precisión y fiabilidad de los resultados requería prescindir de todo tipo de anestesia.

Su diagnóstico final fue el siguiente: había detectado un agente maligno que, clavado en su organismo, impedía el flujo normal de expresiones de crítica, transgresión o desacuerdo en público. Los expertos lo denominarían “pánico escénico” o “miedo a decir que no”. Durante muchos años su cuerpo los había asimilado como si se tratase de una fobia congénita, con cuyas desventajas había aprendido a convivir desde pequeña.

Hasta que, de pronto, Belén se levantó sintiendo una hemorragia emocional, era como si todas esas palabras ahogadas formasen un montón de angustia coagulada en su ánimo.

De repente, el eco de su voz le pedía una amnistía a ese rechazo que dibujaban sus ojos cada vez que se escuchaba, en los altavoces de la grabadora o en la reverberación de las aulas. Sus respuestas anuladas empezaron a querer desapelmazarse de su garganta, incluso aunque no llegasen a sacudir ninguna conciencia.

Así que, radiografía en mano, el léxico de Belén se dispuso en fila para empujar al frente a ese monosílabo que sirve para girar el curso de las cosas. Esa necesidad incipiente de decir que no, que no y que no. Que así, no.

Por un momento, sopesó la posibilidad de que los periódicos, el panorama sociopolítico de su país de residencia, la agresividad de algunos allegados y la arrogancia de algunas autoridades, hubiesen alimentado lo que podría no ser sino una fiebre pasajera. Pero recordó que el mercurio se mantenía entre sus parámetros normales, que era el hastío el que había explotado en el termómetro de su pasividad.

Y, poco a poco, terminó de desangrarse una vida acostumbrada a callarse y asentir con abnegación. Se precipitó sobre ese vacío que queda en la piel y en el alma cuando remueves una espina vieja, muy vieja, casi asimilada como una prolongación de una misma y, sintió una mezcla intensa de extrañeza y agorafobia.

Pero con el no en el bolsillo, la radiografía en la conciencia y las ganas de mundo, sabía que la extrañeza y la agorafobia chocarían contra cualquier no que ella esgrimiese desde entonces.

Nora


25 Noviembre – Día Internacional Contra La Violencia de Género

“Los medios de comunicación deberían ser implacables, no esperar al día contra la violencia machista”.

Le tomo prestada a R. Lobo lo más parecido a una justificación válida para mi tardanza redaccional del 25N. Aunque, en lo que compete a este tema, son precisamente las tardanzas las que empeoran o finiquitan mortalmente el problema.

Suelen decirme que este discurso está obsoleto. Suelo reaccionar pensado: ¿hacia qué lado miras, que está tan lejos de la realidad?

El amor pensado como entrega ilimitada, como fusión en la psique del otro; el amor que sufre en la distancia; el amor fundado en el deseo pasional de participar del yo del otro; el amor reavivado por el desgarro de los celos, el amor que araña para que te cobijes en su halo, el amor que no entiende de espacios sino de simbiosis.

En el peor –y frecuente, alarmantemente frecuente- de los casos, el amor que mata en nombre de ese amor.

Esta forma de amor sigue anclado en el imaginario colectivo, quizás porque sigue siendo una realidad cotidiana. Y también viceversa.

Aún pervive una sensación de incomodidad con respecto a esa mujer que hace las maletas y abre su puerta, la que cruza el umbral de un gabinete y se presenta como competidora legítima, la que disfruta del sexo, la que dice “esto no me gusta” o “este no me gusta”.

“La clave es la educación. Educar en libertad y en igualad. Educar también a las mujeres. Romper el modelo social del macho-man, del guaperas chulo con rasgos varoniles. El hombre-hombre no es válido para una mujer. Un mujer necesita solo a alguien que la quiera, que la respete. Al primer síntoma, puerta. No puede haber segundas oportunidades.” R. Lobo

“¿Qué hacer cuando el amor ya no es amor ni es amor ni es nada?” Pedro Guerra.

¿Qué no hacer? Tolerarlo.

 

Nora


“Que no está perdido aquello que no fue”

“En la mitología griega Sísifo, hijo de Eolo y Enarete, marido de Mérope y fundador y rey de Éfir, fue condenado en el infierno a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. ¿Acaso el amor no parece a veces esa piedra?”
Ismael Serrano, “Canción para un viejo amigo”.

También la vida es el empujón perenne de la piedra. Hoy he querido reseñar, antes de que expire este Octubre sereno, lo estimulante que resulta leer que los estudiantes franceses tapizan las calles con vindicaciones de justicia. Se produce una paradoja desalentadora en la sociedad: la política empantana discursos y ámbitos que no le competen y, a la vez, los ciudadanos nos vamos abandonando al escepticismo, a la apatía y al maniqueísmo político. Quizás tenga que ver con estar deseducándonos en todo lo relacionado a la piedra de Sísifo; una metáfora que subvierte los cimientos de la sociedad de consumo pero que se asemeja mucho más a la vida real.

Me gusta que los franceses peleen por subir la piedra a la cima de la democracia. Con todo este viento en contra. Y me gusta que en el amor los amantes se abracen juntos a esa piedra y la aúpen por la cuesta, y que, si un día les arrolla el sinsabor de un desamor insalvable, uno se purgue los miedos y busque otro amor para seguir empujando la piedra de Sísifo.

Nora.


Una llave que abre cárceles

“Las adicciones sólo son supersticiones de quienes tienen miedo a la libertad.”

Jose Antonio Marina.

El ser humano tiene más poder sobre la realidad del que pueda parecer. Pero la voluntad de acción requiere esfuerzo. Parece que preferimos soslayar este razonamiento y subsumirnos en este sistema de consumo, con el que acumulamos de todo y lo guardamos en ningún sitio. Me pregunto si, como Epicuro, uno calcula bien los placeres antes de calibrar el sufrimiento que significarán a largo plazo. ¿Qué recoge alguien que en vez de cultivar proyectos se abandona en indigestarse con los que se le imponen? A veces, me respondo que somos las víctimas. Otras veces, que somos los culpables. A veces, que lo grave reside en la superstición de que no hay vuelta al pasado; que no se le puede devolver el peso a los valores aligerados por una sociedad de cifras, intereses y costes de oportunidades. A veces, que lo trágico es que, tomando constancia de ello, la sola posibilidad de cambio y vindicación, nos produce miedo, indiferencia y apatía.

Como dice Billy Wilder, recuerda que eres tan bueno como lo mejor que hayas hecho en tu vida.

Y la experiencia me sugiere que a Epicuro y Billy Wilder hay que hacerles caso.

Nora.


Las vivencias de esos trenes viajan ahora en mis recuerdos

A Carla y Sari

Hoy en día, se ha convertido en un acto cotidiano registrar las vivencias o las palabras en un soporte físico, como una forma de que lo efímero y lo abstracto burlen el tiempo. Congelar el pasado para que coexista en nuestro presente es una de los extraños privilegios que nos conceden las tecnologías. Milan Kundera decía que “lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriese nunca (Einmal ist keinmal)” y es verdad que , en cierto modo, hasta los momentos más intensos se evaporan.

Imagino que, como sucede con los software de memoria actuales, nuestra mente comprime en zip los recuerdos y los almacena entre nuestras sienes. Pero, aun así, dado que las estaciones van relevándose sucesivamente desde aquel verano, el eco de un viaje inolvidable es cada vez más débil. Es como si aquellos trenes que cogimos se estuviesen llenando también de nubes que nos alejan del paisaje.

La imposibilidad de recurrir a las fotografías que hicimos, por extravíos propios de los viajes (y de una servidora), le confiere una sensación injusta de volatilidad a nuestra aventura. Por fortuna, el disparador de fotos mentales funcionó con agilidad y continuidad, perpetuando muchas imágenes hermosas que puedo evocar en este minuto. Ahora, estas líneas se entremezclan con el aroma de la hierba suiza dimanando de una orilla, sobre la que yacen tres amigas con ropas mojadas, tendidas al sol. Nos recuerdo con las piernas encogidas bajo nuestros brazos, como emulando el abrazo visual a los paisajes que veíamos desde el tren.

Un cálido abrazo a Sari y Carla, mis compañeras de viaje en cada estación de tren, del calendario y de la vida.

Ahora, le cedo el turno al maravilloso Luis García Montero y sus reflexiones sobre viajar en tren:

“El tren provoca en pocos metros cuadrados las mismas coincidencias perturbadoras que las ciudades del mundo infinito.
Como la vida es una costumbre de ilusiones fracasadas, hay noticias que sólo cobran su verdadero valor en la infancia. Que los bellos amores no siempre acaban bien, supone un descubrimiento decisivo en la pérdida de la inocencia. Incluso antes de vivir en persona un gran amor brota la hierba de la desconfianza. La literatura nos pone en el lugar del otro, nos hace vivir en carne propia las pasiones imaginarias de los demás.[…]

Y esto es lo que identifica de forma íntima al tren con la experiencia literaria. Las relaciones entre un autor y un lector se parecen mucho a la complicidad que surge entre dos extraños sentados en el mismo vagón. Dos soledades juntas, dos forasteros, se cuentan sus vidas. La literatura busca una complicidad en medio de la extranjería, una palabra cercana en la distancia, una paradoja íntima que tal vez puede enunciarse al revés, como una sorpresa en medio de la rutina, un extrañamiento de la realidad cotidiana. Surge ese viaje del yo a los otros, de la identidad a la aventura, que permite conocernos mejor a nosotros mismos cuando oímos a los demás o cuando hablamos para los demás. La historia de uno se abre en los ojos del otro, la historia de todos se convierte en una experiencia individual. Los viajes en tren son propicios a las conversaciones, crean la intimidad movediza de las historias de amor o de los conjurados que se ponen de acuerdo por unas horas para ajustarle las cuentas a las precariedades de la vida. Eso repiten las narraciones y los versos del tren.”

Mi historia cuenta con el capítulo hermoso que fue este viaje. Aunque los mejores paisajes fueron, sin duda, sus otras dos protagonistas; que esos capítulos no se cierren nunca.

Nora.


Siempre es un consuelo volver a Heráclito

“Las cosas cambian, siempre lo hacen, son las leyes de la Naturaleza. La mayoría de las personas temen el cambio, pero si lo ves como algo con lo que siempre puedes contar, puede ser un consuelo. No hay muchas cosas con las que realmente se pueda contar.”

Clint Eastwood, Los Puentes de Madison (1995).



Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas

“Amo las limitaciones, porque son la causa de la inspiración”. Susan Sontag.

Buscando nada me encontré este algo, precioso, de la escritora, artista y filósofa que me descubrió el término “camp”, que luego me procuraría un lucimiento nada modesto en el examen de cine de Mirito Torreiro.

Hoy es de esos días -que son todos-, en que te haces preguntas pero la ecuación no se completa despejando incógnitas sino sumando preguntas y preguntas. Las respuestas me cambian de color cada día, o las desvisto y se convierten en preguntas disfrazadas.

En fin, supongo que lo importante es seguir haciéndose preguntas.


Scripta Manent: Lo escrito, permanece

“¿Por qué escribir más, cuando miles de monografías ocupan kilómetros de anaqueles en las bibliotecas? Por la misma razón que me mueve siempre a escribir: para aclararme. Escribir no es mi manera de enseñar, es mi manera de aprender.”

Jose Antonio Marina, “La pasión del poder”.

Yo no podría haberlo expresado mejor.